edgard ramirez, puerto rico
UNA CORONA DE FUEGOS HOY LA GIRÁNDULA donde la luz se desliza con sencillez de pájaro Vicente Aleixandre
Una corona de fuegos hoy la girándula, la fuente que rueda en la música, -la rosa ígnea de las palabras del viento. Buscaba yo en la verbena las camándulas en los pescuezos, engarzadas como lianas febriles, de Desdémonas desmemoriadas e incautas, -anhelantes de un sueño con ríos bajo los yertos árboles-, soñando con el río primordial que cerca el paraíso; sigiloso yo, detrás de la soledad sonora, acechando delincuentes silencios vegetales y los suspiros enamorados con sus crótalos fríos y sus feroces y sanguinarios leopardos: donde la luz se desliza con sencillez de pájaro.
Ahora el río va muriendo entre gemidos de aguas turbias y heladas.
Me inclino auspicioso frente a este lingam sagrado que recuerda tu rostro y tus muslos agrestes de invisibles perfumes, agridulces, sangrientos, perniciosos, como esos crímenes sublimes de los pétalos del clítoris, como arrebatos del incesto eterno de incesante lujuria; oh!, el eterno orfeón de metales preciosos que espanta con ese azul de los pasos del cobre cianótico bajando a la sombra infernal que no acaba según aquel número que cifran los dados...
Y la sangre que corre aterida a los ojos hinchados por los celos y el odio.
Con iridiscencias de cobalto y azufre bajo, subo, por espirales de ausencia, luminosa la escalera de la muerte velocísima que de pronto recula: -marcha atrás- como la cara de un Warhol medita, avanza, se detiene coqueta, indecisa: los primigenios terrones se agolpan, terrores, racimos verdes de angustia, reminiscentes destellos y chispas, los amores como las olas en la orilla de Estígia.
Los pulmones encharcados,. bandadas de estorninos y salvajes patos girando hacia el norte, son entonces el empuje, (la seña) partir, terminar hacia los nuevos horizontes, despojados de aliento -la respiración es un ancla que hoy nos sofoca- luego, el esfuerzo de las manos de los mendigados sedantes, bajan el encarnado telón del sueño ciego que comienza, obscuro Tiresias, transexual al fin ya sordo que nos regresa a la habitación del sanatorio.
Ha cesado el orfeón de los negros y fríos metales, y el azul conductor de cobre se ha diluido súbito se extinguió en los humos que fuma el olvido. Sólo queda la eterna nostalgia, como el grito callado y suicida que no encuentra las llaves, para abrir las nuevas edades del hombre.
Cuando la sombra acariciaba musgosa con la lengua afilada la nada asida en las venas.
|
Por lobitogabriel - 4 de Junio, 2007, 10:33, Categoría: poesia
Enlace Permanente
| Comentarios 1
| Comentar
| Referencias (0)
|